viernes, 13 de marzo de 2009

Indignación

Y era incluso más bonita de lo que me había parecido en clase. Nunca la había mirado a los ojos el tiempo suficiente para constatar su tamaño. Tampoco había reparado en la transparencia de su piel, ni me había atrevido a mirarle la boca el tiempo suficiente para darme cuenta de lo henchido que tenía el labio superior y de cómo le sobresalía provocativamente cuando pronunciaba ciertas palabras con un acento distinto al mío. Pero la rapidez con la que ella me había permitido actuar (y aquella lengua que se proyectaba, se restregaba, se deslizaba, me lamía los dientes, la lengua, que es como el cuerpo desprovisto de su piel) me impulsó a tratar de poner delicadamente su mano en la entrepierna de mis pantalones. Y, una vez más, no encontré la menor resistencia. No hubo batalla alguna. Durante semanas, no paré de dar vueltas a lo que sucedió a continuación.

Philip Roth Pág 1


Coda: Quieras o no Quieras. Y luego no llores. Será Él. Porque los Embajadores tenéis que demostrar que aquí, las cosas las hacemos así.
Gracias y Disculpa, Lucía.

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